"La tristeza que mora en el corazón del destierro,
nos lleva a algunos de nosotros
a remontar el rio del tiempo,
hasta cuando fuimos felices
en Cordoba y en Toledo"

sábado, 20 de marzo de 2010

La Pascua Marrana

La Pascua Marrana es una tradición oral hebrea perteneciente a la familia Cohen sefardita y transmitida por decenas de generaciones de Cohen hasta hacerla pública uno de sus miembros, León Cohen Bello.
Este es el relato:

Hoy es el día 16 de la luna nueva de marzo. El pastor del alba está alto todavía, los ruidos de la noche aún son susurros, que explotarán al amanecer. Yo, Don José Manuel de la Santa Trinidad Rojas y Mejía, contemplo la noche que está pariendo el día de la pascua hebrea.

Mi nombre no es una casualidad, ya que arrastro los que fueron impuestos a los cristianos nuevos, más el Rojas, que es una inversión de las letras de SAJOR (negro, en hebreo) y Mejía que es una derivación de Mesías, pero esto es algo muy oculto y muy privado, caso contrario la desgracia caería sobre mí y sobre mi amada familia.

Pertenezco a los llamados "marranos" por la Santa Iglesia y debo hacer todo lo posible por demostrar mi devoción cristiana. De hecho mi hermano Fray Pedro Apóstol Rojas y Mejía es sacristán y quien mas se ha sacrificado, ya que no sólo debe vivir una vida de hipocresía y negación de su fe, sino que se ha condenado a ser un tronco sin gajos ni simiente para "honor" de su iglesia.

Hoy deberé concurrir a misa con los míos y veré a mi hermano cuando coloque la hostia en nuestras bocas, sabiendo que lo hacemos empujados por las circunstancias, ya que en ello se nos va la vida.

Luego Pedro vendrá a lomo de burro hasta la finca, y juntos en la ribera del río, golpearemos las aguas con varas de sauce, recordando a nuestro patriarca Moisés en el desierto. No sé bien por qué hago esto pero hay algo muy profundo en mí que me lleva a hacerlo. Quizá fuera el respeto a mis mayores; pero no, es algo que surge por mí más que por ellos, por amor más que por compromiso.

Tengo una finca donde hago salado y curtido de cueros. Como es mucho el personal que requiero, soy habitual en los remates de esclavos. Allí mi servidor: el mulato Lucas, de quien nadie podría sospechar origen marrano (de hecho no lo tiene), se acerca a revisar a los pobres desdichados y cuando simula inspeccionar boca y oídos les dice en vos baja el "Shemáh Israel" (oye Israel) a lo que muchos responden atónitos y embargados por la emoción. Estos son esclavos que compro para mi hacienda y en especial los traídos de Portugal y Brasil responden positivamente a la contraseña.

Hoy, noche de pascua, todos esos, "esclavos" que trabajan conmigo saben que serán liberados de compromiso alguno, pues después de relatar sobre nuestra esclavitud en Egipto, diremos:
¡Ahora somos libres!, aunque sé que no lo somos aún. También "compro" grupos que los piratas venden sin pasar por mercado alguno y éstos son los sospechosos de judaizantes que eran llevados frente al Santo Tribunal de España y los corsarios capturan en altamar. Para poder afrontar estas "compras" me ayudan miembros de la familia Sacerdote (Cohen) y Viel (inversión de letras de Levi), quienes están en igual condición que yo.

Durante la semana quemamos mucha harina en los hornos para que nadie sospeche que no comeremos pan; mi esposa "deslizó" entre tantas horneadas unas pocas tablas de "pan flaco" que retiró sin ser vista y guardó celosamente en el sótano de la casa, a fin de tener matzáh (pan ázimo) para la noche.

Yo me ocupo personalmente de la "carneada" de corderos, para lo cual elijo animales sin defecto alguno, tomo cuchillos sin mella y después de despostar, pongo la carne en agua y en sal sin olvidar "como al descuido" salpicar los cuchillos sangrantes sobre las jambas de las puertas como hacían mis antepasados. Quisiera acompañar esto con las bendiciones apropiadas, pero nunca las supe; espero mis ruegos igual sean oídos.

Ya se acerca la hora de la cena. Pedro busca en el doble fondo de la capilla un libro muy antiguo que yo no sé leer, pero mi hermano sí y a su vez enseño a mi hijo a hacerlo. Yo mando a Lucas al aljibe y con el pretexto de echar cal, baja con la hamaca hasta la segunda calzadura donde hay oculta una copa labrada, un chal de oración y pequeños solideos con la estrella de David. También un pedazo de pergamino que hallé en un viejo arcón familiar y como creo está escrito en hebreo lo oculte hasta tanto me lo tradujeran. Bajo al sótano. El olor fuerte de los cueros y el "charqui" me impregna la nariz y la tabla de salar está cubierta por un mantel de lino blanco, la copa refulgente llena de vino y el pan de la pobreza frente a la silla de cabecera.

Todos tenemos miedos y angustias, mi hermano Pedro está transformado, le brillan los ojos que está llorando, mi hijo mayor con un solideo rojo me mira con amor y temor...

¡Ay hijo! Si pudiera protegerte del riesgo al que te expongo. Pero sé que no puedo, con lo cual me asalta la culpa. Ésta se desvanece al oír palabras que no entiendo, pero con una melodía que despierta en mi recuerdos de experiencias que no viví.

Mi hijo se levanta y canta unas pocas frases en lengua extraña para mí y mis invitados. Sin embargo al oírlas todos rompemos a llorar. Mi hermano, hoy sin su crucifijo parece librado de un yugo opresor, se levanta, me cubre con el viejo chal a franjas que ignoro a quién perteneció; pero al envolverme en el siento una calidez extraña en todo mi ser.

D's todo poderoso, ¿por qué no podemos sentir esto siempre? ¿Por qué debemos mentir diariamente sobre nuestra fe? ¿Cuántos de nosotros seguiremos tus caminos y cuántos se alejarán para siempre de tu senda? Ojalá pudiera ver un futuro poblado de hermanos que se manifiestan libremente como hebreos, hijos de tu pueblo elegido.

Nos invade el silencio. Todos lloramos en esta fiesta, que debería ser de alegría por la libertad lograda. Pido a mi hermano el sacristán que me traduzca el viejo pergamino. Lo despliega y con dificultad lee las letras que el tiempo borra. Pero su contenido resalta, y lee en altavoz:

"Avadim ahinu be atá bnei jorim, baruj atah adonay eloheinu, sheejeianu be kimanu be higuianu la zman hazéh": Esclavos fuimos y ahora somos libres, bendito seas que nos permitiste vivir para llegar y acercarnos a este momento.

Quiera D's que en un futuro no lejano, mis hijos y los hijos de ellos puedan vivir una pascua en libertad, tan sentida como esta "nuestra pascua marrana".

Fuente: Shavei.org

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